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🎙️ “7 cosas que no imaginas de un locutor online”

Actualizado: 20 jul 2025

Trabajar como locutor desde un home studio suena glamuroso, misterioso… o incluso fácil. Pero en realidad, es una mezcla deliciosa de técnica, paciencia, pasar calor y tener un amor indestructible por el micrófono (y el botón de ‘deshacer’). Aquí te dejo con algunas curiosidades que quizá no esperabas:


1. 🎧 El silencio cuesta (mucho) construirlo

Mi estudio está tan insonorizado que los pájaros del Eixample parecen mudos y crear ese silencio perfecto requiere tanta ingeniería como diseñar un auditorio entero.

Por eso, muchos locutores freelance pasamos por fases surrealistas: grabar dentro de un armario, debajo de una colcha, o discutir con tu pareja porque ese ruido de fondo se coló justo cuando la toma era buena. 😅


Al final, todos acabamos haciendo lo mismo: invertir en una buena cabina insonorizada. No es solo para aislarse del ruido… es para conectarse con el mundo sin interrupciones.


Aislarse del ruido es solo el primer paso. El reto verdadero es hacer que cada palabra suene viva.


2. 🎬 Hago más versiones que Pixar

Una frase como “Conecta con tu audiencia” puede parecer sencilla... pero puede tener siete versiones distintas: la natural, la que sonríe, la emocional, la pausada, la que respira, la que no respira, la épica. Al final llega el feedback mágico: “Nos encanta la versión 5, pero con el tono de la 2 y un poquito de la energía de la 3”. Y si puede sonar más... ¿“intencionada”? Maravilloso.


Lo más curioso es que muchas veces no hay nadie escuchando al otro lado. Solo tú, tu micro... y esa voz en tu cabeza que susurra: “La buena era la primera”. Pero claro, ya llevas diez tomas y la máquina no se detiene.


3. 💼 Digo cosas que nunca diría

“Soluciones omnicanal para ecosistemas digitales”. Lo digo con convicción, ritmo y voz profesional… aunque sigo sin saber muy bien qué significa. Pero suena increíble, eso seguro.


Lo curioso es que en el mismo día puedo explicar los cuatro niveles de intensidad del dolor abdominal en un e-learning médico, anunciar unos ear-buds con Katy Perry y unas horas después convertirme en Picasso narrando su infancia en un pueblo andaluz, metido en el personaje como si lo hubiera vivido.


La locución es eso: saltar de la jerga corporativa al alma narrativa sin despeinarse. Y siempre con el mismo micro como cómplice.


Puede que no tenga vistas al mar y…


4. 🎙️ Mi estudio es pequeño, pero matón

En menos de 2 metros cuadrados grabo publicidad, e-learning, audiolibros… y sí, también sonidos de ardilla. Me lo pidieron. Lo hice. Sin preguntas.


En ese mismo espacio me convierto en un joven elfo con acento mágico, en un asesino frío y calculador, en un viejo verde que recuerda su juventud, en un personaje de Lego animado... o en el narrador épico de una final mundial de Pokémon Go. Todo sin salir de mi cabina.


Porque en este estudio de cuatro paredes los límites físicos se convierten en posibilidades creativas que se proyectan en forma de ondas sonoras.


5. 🔁 Repetir sin sonar repetido

Repetir forma parte del oficio. Pero repetir porque la última palabra se te resiste... es casi personal.


Hay tomas que van genial de principio a fin, todo fluye… hasta que justo en la última palabra tu lengua decide hacer huelga. “Inspiración digital para entornos omicanales…”. ¿Omnicalanes? ¿Omnica… qué?


Vuelves a intentarlo. Otra vez perfecto... hasta ese momento. Y ya empiezas a sospechar que esa palabra es tu némesis, te odia, te lleva al reverso tenebroso. Grabas la toma número seis con todo el amor del mundo. Y en la siete ya dudas de si has olvidado cómo hablar.


Al final, aprietas fuerte la mano, relajas cuerpo y lengua y, cuando por fin sale bien, celebras como si hubieras ganado un Goya.


6. 🌍 Mi voz ha viajado más que yo, y siempre con una botella de agua cerca.

He grabado para proyectos en México, Osaka, Bruselas, Andorra... todo sin salir de la cabina. Mientras yo me hidrato, ajusto niveles y vocalizo con mimo, mi voz cruza fronteras, se cuela en anuncios, se reproduce en podcasts y llega a reuniones en las que nunca he estado físicamente.


Y no sé si eso me hace cosmopolita o sedentario… pero sé que una buena locución puede recorrer medio mundo, siempre que venga acompañada de té, agua o infusión… ¡pero nunca café! (o sí... 😅)


7. 🛋️ Sí, alguna vez he grabado en pijama.

La verdad es que cuando grabas desde casa, lo importante no es el look, sino la voz. Mientras el sonido esté limpio, la entonación sea la buena y el cliente diga “perfecto, gracias”… nadie pregunta si llevabas camisa o calzoncillos de patitos.


Y ojo: no es que lo haga a diario, pero reconozco que alguna locución ha salido con pantuflas incluidas. Quizás eso aportó calidez. Quizás no. Pero lo cierto es que cuando estás cómodo, el sonido también se relaja.


Así que sí: grabar en pijama es posible. Aunque mi micro, muy profesional, nunca lo aprueba del todo.



Ser locutor desde casa es vivir muchas vidas entre cuatro paredes insonorizadas.


He sido elfo, villano, narrador épico y paciente con dolor abdominal. He repetido frases hasta perder la noción del idioma, he renegado de palabras imposibles en la última toma, y he aprendido que cuando suenas seguro, nadie pregunta si ibas en pijama.


Desde mi cabina han salido voces que han cruzado océanos, han entrado en apps y han hablado por marcas que nunca conoceré en persona. Y todo eso lo hago desde un rincón discreto, con agua a mano, sonrisa calibrada y el micrófono que ya me entiende mejor que algunas personas.


🎙️ Porque locutar no va de hablar. Va de conectar, emocionar, interpretar y repetir —cuando hace falta— hasta que cada palabra tenga sentido, intención y alma.


Y si alguna vez te preguntas qué hace un locutor profesional desde casa… bueno, aquí tienes siete pistas. La octava puede que te la cuente en la próxima toma 😉


¿Quieres escucharlo en acción? 👉 hectorvoiceover.com

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