top of page

Locución y cocina: dos artes que se cocinan a fuego lento

Durante estos días de tanto comer y gracias al breve parón de vacaciones de Navidad, he tenido la oportunidad de reflexionar sobre algo que hace tiempo que me rondaba en la cabeza y que en la ceremonia de entrega de estrellas Michelin del pasado 26 de Noviembre mencionó Antonio Banderas: las similitudes entre la actividad actoral y la cocina.


Ceremonia Entrega de Estrellas Michelín 2025
Antonio Banderas: "...hay una una vida casi paralela entre el mundo de la gastronomía y lo que hacemos nosotros, el mundo del teatro."

Hay quien piensa que ponerse delante de un micrófono es tan sencillo como leer un texto. Y también hay quien cree que cocinar es seguir una receta. Esta semana en el blog reflexiono sobre los paralelismos entre dos mundos tan aparentemente distintos como son la locución y la cocina, pero como veréis tanto en una como en la otra, el arte comienza cuando se acaban las instrucciones.


Mise en place y briefing: el orden antes del caos

Un buen cocinero no enciende el fuego hasta tener el menú planificado y los ingredientes listos. De la misma manera, un buen locutor no graba hasta tener la voz a punto, entender el tono, el público y el propósito del mensaje. El briefing y el calentamiento vocal son nuestra mise en place.


Como cualquier chef, los locutores debemos conocer nuestro público, saber quienes somos en cada proyecto y cómo es nuestra cocina. Para ello hacer y hacerse las preguntas correctas es básico para tener éxito en cualquier proyecto: narrar una audioguía para la casa museo de Picasso, una cuña de radio anunciando una discoteca o un libro de autoayuda no es lo mismo que una audioguía para una atracción turística como la Casa Batlló, una cuña para la Dirección General de Tráfico o narrar un psico-thriller.


Igual que un cocinero va al mercado y elige los productos o incluso cultiva sus propias hortalizas, los locutores debemos conocer el texto para poder enlazar conceptos, saber lo que queremos transmitir y, sobre todo, a quién.


La técnica: dominar las herramientas sin que se note

En la cocina, el cuchillo japonés o el fuego vivo son extensiones de la mano. En locución, el micrófono, el DAW y la respiración son extensiones de la voz. Cuando todo fluye, nadie piensa en la técnica, solo en el resultado.


El cuchillo tiene que estar afilado, el micrófono en su sitio. El fuego tiene que ser suave, medio o fuerte igual que el nivel del previo del micro según lo que vayamos a cocinar. No podemos cocinar un guiso a fuego fuerte, ni gritarle al micro sin tener en cuenta la proximidad y el ajuste de volumen, pero una vez cocinado nadie se preguntará cómo lo hemos hecho.


El gusto: intuición y equilibrio

Saber cuándo añadir una pizca de sal o un toque de acidez es como saber cuándo hacer una pausa, dar proximidad o sonreír con la voz. Es ese punto de cocción emocional que no aparece en ningún manual.


Añadir matices a la voz es como añadir capas de sabor, son esos pequeños detalles que añadidos con sutileza y mimo, hacen que un plato sea de diez.


El plato final: presentación y servicio

Un buen audio no es solo limpio y bien editado. Debe seducir, emocionar, dejar sabor. Igual que un plato bien presentado, debe invitar a volver.


Cuantas veces una mala presentación o un mal servicio pueden arruinar un plato exquisito. Cuantas veces una mala mezcla, hecha sin criterio y una masterización a toda prisa pueden arruinar una buena locución o incluso hacer que una campaña entera quede mediocre.


Rodearse de profesionales que conozcan de lo suyo (pinches, camareros, jefes de sala, directores de campaña, ingenieros de sonido, creativos publicitarios,...), que cada uno siga su rol y formar equipo es básico para el éxito.


Los imprevistos: darle la vuelta a la tortilla con gracia

¿Cliente que cambia el guion a última hora? ¿Ingrediente que falta en la nevera? Alérgenos, intolerancias, palabras que se atascan, una mala dirección, nombres extranjeros… Tanto en cocina como en locución, la flexibilidad es clave. Si hay que improvisar, que sea con estilo. Y si hay que sacar un texto adelante, no dejes que se enfríe.


Eso sí, no confundamos improvisar con ser creativos. Como dice Ferran Adrià...

La creatividad es la inteligencia divirtiéndose

En la cocina y en la locución, la creatividad es el ingrediente secreto que transforma lo técnico en arte.


La creación de personajes para doblaje de animación y audiolibros son casos específicos en los que la propuesta creativa de un locutor experimentado puede ser muy poderosa y dar a esta producción el toque rompedor y preciso que requería.


Sin duda, la técnica y la experiencia juegan a favor de la creatividad y son fundamentales para alcanzar la magia.


Epílogo: entre fogones y frecuencias

A veces, mientras preparo una locución, pienso en cómo cocinaría ese texto. El tempo, el ritmo, la textura, qué musica sonará mientras lo como. Y en la cocina, me sorprendo hablándole con cariño a la boloñesa mientras se va reduciendo y cogiendo potencia de sabor. Quizás porque, al fin y al cabo, cocinar y locutar son dos formas de cuidar. De comunicar. De dejar huella.


“Quien cocina con amor, alimenta el alma. Quien habla con verdad, alimenta el pensamiento.”

¿Y tú? ¿Has encontrado paralelismos entre la locución y alguna otra disciplina en tu experiencia profesional o personal? ¿Qué ingredientes crees que no pueden faltar en un buen proyecto, ya sea en audio o en un plato? Me encantaría leer tus opiniones, anécdotas o incluso tus recetas favoritas para darle sabor a la creatividad. ¡Hablemos y aprendamos juntos!



Comentarios


bottom of page