Entre píxeles y papel: ¿Qué recuerdos nos quedan?
- Héctor Rubio
- 26 ago 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 27 ago 2025
Los que me conocéis sabéis bien que siempre he sido un gran fan de la digitalización, creo que cortar árboles para hacer papel es algo a evitar, creo que en general “digital es mejor”, pero el otro día a raíz de un video de YouTube y con mi visión parcial de la dirección que toma la sociedad, la Inteligencia Artificial, las formas de comunicación, y el maldito estrés, empecé a preguntarme si lo analógico no tiene su valor y me gustaría compartir por aquí algunas ideas que me vinieron a la cabeza durante las vacaciones.
El ahorro de espacio y recursos
Cuando digitalizar significa que todo lo que antes tenía un soporte papel ahora está en un disco, pendrive o en la nube, esto supone un gran ahorro de espacio y de árboles, claro está, y parece una gran cosa. A priori, parece que el planeta, sin hacer un gran análisis de huella de carbono, debería agradecerlo. ¿Pero y si no todo fuera tan ideal? Estudios recientes han demostrado que los datos digitales son más vulnerables de lo que pensamos, y la pérdida de datos es una preocupación creciente. Así que, como sociedad, ¿qué dejaremos? ¿No os ha pasado que, como consecuencia del fallecimiento de algún familiar, hemos encontrado en un cajón o en una carpeta raída documentos históricos que jamás sospechamos que existían? Partidas de nacimiento, transacciones comerciales, escrituras de compraventa, el mapa del tesoro de Willy El Tuerto… Esas cosas a veces nos ayudan a entender de dónde venimos o quiénes eran nuestros antepasados. Sabemos de Ramsés II por los jeroglíficos egipcios que han perdurado siglos. ¿Y nosotros? ¿Archivos en formatos ilegibles dentro de 30 años? ¿Cuentas borradas en Google, Facebook, LinkedIn o Instagram, con miles de fotos o blogs que nadie verá? ¿Pendrives, CDs o sistemas NAS que quedarán olvidados porque nadie sabrá como abrir o acceder de lo desactualizados, obsoletos o encriptados que están?
Recuerdos y memoria

Recuerdo a mi madre, algún domingo de invierno, por la tarde, sentada en la mesa del comedor, recortando y componiendo los álbumes de fotos de la familia. Mi padre a veces seleccionaba con orgullo la mejor foto del año y hacía una ampliación. Y tenía su propio álbum de ampliaciones. También mi abuelo debió hacerlo, porque hoy tengo esos álbumes. A veces los hojeo y encuentro nuevos detalles, revivo momentos. Hoy, hacer un álbum anual es algo casi impensable. De un solo viaje regresamos con cientos sino miles de fotos, procedentes de varios móviles y de cámaras. Además, el móvil de vez en cuando nos asalta con una notificación que ha hecho un álbum de recuerdos –una selección a veces acertada, a veces no de fotos que ni siquiera recordábamos que habíamos hecho–.
La Inmediatez y la superficialidad
A esto voy: la inmediatez, el ansia por tener las cosas rápido y la digitalización nos han llevado a crear contenido sin pensar ni esforzarnos, sin pararnos a reflexionar ni esperar el resultado. ¿Cuántas veces tomamos la foto y ni la miramos? Tenemos acceso a tecnología que en otro tiempo se consideraría magia y que utilizamos sin medida. Tanto, que no somos siquiera capaces de procesar esos recuerdos ni les damos importancia. Si mañana se borraran mil fotos de nuestro móvil, igual ni lo notamos, porque no significaban realmente nada.
El valor de lo Analógico
Yo también soy de esos, lo admito. Pero me preocupa. Salvo quienes ya nacieron en la época digital, la mayoría vivimos el cambio de lo analógico a lo digital. Sabemos que en los años 70 y 80 doblar una película de cine podía llevar un mes; ahora una semana o menos. No se trata de decir si antes era mejor, hoy hay grandísimos profesionales en cabeza, pero sí que en conjunto en la industria se le dedicaba más cariño y tiempo. Pasaba igual con los discos grabados en estudios analógicos, donde la limitación tecnológica obligaba a tomarte tu tiempo.
El valor de hacerlo bien a la primera
Ni mucho menos, es que yo sea de la “vieja escuela”, no me he vuelto un friki de lo analógico (y vayan todos mis respetos hacia ellos), pero me da cierta envidia pensar que todavía hoy puedes conectar una grabadora Tascam MS-16 de hace treinta y pico años, poner una cinta y escuchar la última grabación sin problema. ¿Qué pasará con los proyectos grabados hoy en Pro-Tools dentro de treinta años? Licencias caducadas, archivos incompatibles, sistemas que ya no existen… igual ni logramos abrirlos o ni recordamos que están ahí.
Desde el punto de vista de quienes hacen doblaje o locución, se nota la diferencia: cuando la tecnología era más limitada, si la grabación salía mal, había que rebobinar y volver a intentarlo, así que lograrlo a la primera tenía mucho valor. Como cuando hacías una foto y no sabías si había salido bien hasta una semana después, al recoger el revelado. Cuando se encendía la luz roja, había que darlo todo porque repetir costaba tiempo y esfuerzo de todos. Ahora, hacer una toma más es solo eso: una más. Repetimos hasta que salga bien, porque ya no cuesta y, si no, “se arregla en pospo”.
Conclusión
En resumen, la digitalización nos ha dejado montones de ventajas: menos espacio, menos consumo de recursos materiales y acceso inmediato a la información. Pero también tiene sus retos, como la posible pérdida de recuerdos y la tendencia a crear cosas superficiales. Hay que buscar ese equilibrio entre lo digital y lo analógico, y no perder de vista lo valioso y sentimental de nuestras experiencias. Solo así dejaremos algo que valga la pena para quienes vengan después, que puedan entender y apreciar nuestra historia y cultura. No olvidemos que somos seres analógicos y también lo es nuestro entorno. La lentitud de lo analógico, el saber esperar, el darlo todo a la primera porque hacer una segunda tiene un coste… aunque trabajemos en digital tengamos esto en el punto de mira. Y, sobre todo, lo importante es usar la tecnología con cabeza y no perder de vista lo que nos hace personas.
¿Y tú eres más de analógico o digital?
No hay nada como lo analógico.
¡Digital es mejor!
Y tú, ¿Tienes algún recuerdo analógico que aún conservas con cariño? ¿Has perdido alguna vez fotos digitales que lamentaste no haber impreso? ¿Qué opinas de los álbumes físicos frente a los digitales?
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