El doblaje: ¿una mentira sobre una mentira... o un puente hacia la inclusión?
- Héctor Rubio
- 22 sept 2025
- 4 Min. de lectura
“Con todos mis respetos pero yo el doblaje…”
Cuantas veces he tenido que responder a esto. Una visión parcial de las cosas o no suficientemente reflexionada nos lleva a conclusiones precipitadas. Hoy te doy algunos argumentos poderosos para rebatir este tipo de comentarios y desmontar mitos.
Para empezar, tienes que recordar que el doblaje es tan solo una opción más, y para quienes les gusta ver las películas en VO, la mayoría de canales y plataformas les ofrecen esa opción, pero piensa también en la utilidad que tiene para personas ciegas o personas mayores que no pueden gozar del placer de la VO.
“… ya pero por culpa del doblaje aquí no se habla bien inglés”
Mito 1: el doblaje impide aprender idiomas.
El inglés se estudia en el colegio o en las academias de inglés, tal vez los programas educativos no le han dado la importancia que merecía, ¿no crees? Que yo sepa los paises que no doblan las películas tal vez hablen inglés, pero no hablan coreano ni mandarín ni sueco, así que… Bueno para hablar bien inglés, alemán, italiano... Mejor invertir en una buena formación.
“… sí bueno, pero la interpretación de los actores se pierde mucho… no es lo mismo, no es lo mismo…”
Mito 2: Se pierde la interpretación
Cierto! No es lo mismo, y cuanto menos presupuesto y tiempo se destina a un doblaje, peor. Hoy en día hay grandísimos profesionales pero el tiempo que se dedica a una producción es varias veces inferior al que se le dedicaba hace años. También hay muchísima más producción y de peor calidad ya en origen. Así que pensémoslo de otra manera: el cine no deja de ser una mentira sobre una mentira, pues el doblaje solo añade una capa de mentira más y si está bien hecho no se debería notar.
Además hay situaciones en las que no se graba con sonido directo o que un actor da la cara, pero su voz o su dicción no son buenas, así que, en esos casos, los propios actores pueden estar ya doblados en la versión original. Entonces estaríamos hablando de una mentira sobre una mentira sobre...
Piensa también en todos los sonidos y efectos que escuchas en un documental o una película. ¿Crees que los leones que rugen en el Serengueti son realmente esos que estás viendo? ¿O que el agua fresca de ese río de los Alpes suena así? ¿O que las copas que acaban de chocar los invitados de esa boda sonaban como si fueran de cristal de bohemia? La respuesta en general es no, la mayoría son efectos añadidos en post-producción de forma artesanal y con gran maestría, eso sí. Pues el doblaje es uno más de esos sonidos añadidos.
“… ya pero los matices de la voz…”
Mito 3: Se pierden los matices.
Los matices de la voz de los actores originales los captarás siempre que seas capaz de entender una película sin subtítulos. Si tu inglés es buenísimo puedo estar parcialmente de acuerdo, pero no creo que captes los matices en polaco ni checo o mientras lees los subtítulos. Incluso en VO, el espectador depende de la mezcla de sonido, el equipo de reproducción y su propia atención para captar esos matices. Los matices no son algo exclusivo del doblaje.
En cambio en un buen doblaje, con una traducción adecuada, una adaptación precisa, una buena dirección y la interpretación de los actores habrán llevado a dar a cada frase los matices adecuados para que se pierda lo mínimo posible.

El doblaje lo inventó Franco para controlar el país...
Mito 4: El doblaje y Franco.
El doblaje nació de la mano del cine sonoro. Una escena icónica de Cantando bajo la lluvia (1952) que ilustra perfectamente el nacimiento del doblaje y los desafíos del cine sonoro es aquella en la que intentan grabar una película con sonido por primera vez. Lina Lamont, la estrella del cine mudo, tiene una voz chillona y una dicción terrible, lo que arruina las tomas. Para solucionarlo, deciden doblarla en tiempo real con la voz de Kathy Selden, escondida detrás del decorado mientras Lina mueve los labios. Esta escena es oro puro para entender cómo el doblaje nació como una solución técnica: no por censura, sino por necesidad artística y comercial. El público quería oír a sus estrellas, pero no todas tenían voces “vendibles”. Así que el doblaje se convirtió en una herramienta invisible para preservar la magia y aunque, ciertamente, la censura franquista lo utilizó en su favor, ya se doblaban películas antes de Franco.
Por otro lado el papel del doblaje en lenguas minoritarias ha sido crucial para su preservación (como el catalán, vasco o gallego) y también RTVE tuvo un enorme impacto en la normalización de los códigos propios del doblaje en España. Somos un país con gran tradición de doblaje y podemos estar orgullosos de lo bien que se hace, de hecho el propio Jordi Brau dijo en una entrevista "Un buen doblaje es como un libro bien traducido". Creo que no se puede ser más claro.
El doblaje no es ni héroe ni villano: es una herramienta.
El doblaje no arruina nada. Lo que sí arruina el diálogo es la rigidez. Si no estamos dispuestos a reconocer que hay más de una manera de disfrutar del cine, tal vez el problema no sea el doblaje, sino la falta de perspectiva. Como en cualquier debate cultural, si no hay voluntad de escuchar y matizar, acabamos atrapados en dos monólogos paralelos.
Si entendemos el doblaje como una opción que amplía accesos, adapta realidades y, cuando se hace bien, respeta la obra original, quizá podamos dejar de discutir sobre “verdades” absolutas y empezar a hablar de contextos.
¿Y tú, qué capa de mentira prefieres: la que entiendes o la que hace sentir? 😉
¿Como profesionales del doblaje y la locución os han planteado cuestiones similares? ¿Qué argumentos más propondríais?





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